Cautiva

Cuanta mentira existe en tu sonrisa, cuanta soledad en tus noches, desperdiciando tu felicidad mientras permaneces con aquel captor de sueños.

A veces te preguntas si en verdad fue amor lo que te ató a este villano, o si tan solo fue una ilusión disfrazada de promesas vacías. Recuerdas aquellos primeros días, en esas caricias que hoy solo son estrategias infames para silenciar tu voz, para apagar tu chispa. Y en medio de esa incertidumbre de emociones, sigues ahí, aferrada al eco de algo que ya no existe.

La luna observa silenciosamente tu tristeza mientras te consuela con su tenue pero constante luz. Sientes el terror de vivir una vida de hipocresía sentimental, buscando desesperadamente una salida para aquel vacío que te carcome el alma, pero sientes que los barrotes de tu prisión son de acero y no encuentras escapatoria por más que lo intentas.

Te has acostumbrado a fingir. A sobrevivir entre sonrisas que no te pertenecen, a responder “estoy bien” mientras que en tu interior suplicas por auxilio. Cada palabra que callas se convierte en una daga que atraviesa tu pecho, cada noche en silencio y sin consuelo, se forma una sombra profunda en tu mirada. Y, sin embargo, sigues. Porque algo dentro de ti se niega a morir sin luchar.

Entregas tu vida y tu cuerpo como una muñeca inanimada, tus lágrimas borran cualquier rastro de felicidad que existiera en ti cuando él te coge en las noches como a una cualquiera, sin amor y sin respeto.

En tu piel aún resuena el eco del silencio. El silencio de no tener elección, de no tener voz. Cada acto impuesto es una cicatriz que no sangra, pero que arde. Y tú, allí, tan valiente en medio de tu fragilidad, sigues despertando, sigues respirando… como si una parte de ti supiera que no todo está perdido, que tienes una oportunidad de cambiar todo aquello.

El costo es grande, pero debes defender la paz y tranquilidad que aún vive en ti si en verdad quieres ser feliz. A pesar de todo lo que vives y soportas en tu cautiverio Dios escucha tus plegarias y te envía ayuda.

No estás rota, aunque te lo hayan hecho creer. Estás herida, sí, pero cada herida puede convertirse en una apertura por donde entre la luz. Lo que llamas debilidad es, en realidad, una reserva oculta de fortaleza que aún no has usado por completo. Está ahí, esperando. Esperando a que te reconozcas, a que recuperes la memoria y seas aquella mujer llena de vida, de sueños y sonrisas.

Dentro de ti se encuentra la llave de aquella celda; el cómo hallarla debes descifrarlo tú misma. Tienes las herramientas, ahora úsalas con cuidado y de manera sabia y el universo conspirará a tu favor, nunca estarás sola, mi existencia es el deseo que refleja el anhelo de tu corazón por huir de aquella miseria y te acompaña en esta lucha por escapar, pero recuerda que dicha existencia podría desaparecer si tomas las decisiones que no te hacen feliz y aceptas una condena perpetua aun cuando eres inocente.

No te asustes, no te angusties, mis ojos serán tu guía y tu faro de esperanza. Te estaré esperando a la orilla de la playa con los brazos abiertos en caso de que tomes el riesgo de ser feliz.

Stiven Borda